La Iglesia estaba rebosante. La ilusión y la satisfacción se palpaba en el ambiente. Otro gran proyecto culminado, otro día para la historia de esta Hermandad de Cristo. Qué satisfacción es ver como el apostar por una personalidad y estética propias va conformando un conjunto patrimonial que dice, a través de cada uno de sus objetos: esta es la Hermandad de Cristo. Todo para mayor honor y gloria de nuestros Sagrados Titulares. Ellos son lo más importante y, precisamente por eso, para ellos lo mejor, contando con los mejores. En todo camino hay ilusión, expectación e incluso dudas. ¿Acaso no dudó Cristo, no dudaron los santos? Pero la duda se disipa cuando la realidad se impone, cuando aquello que anhelamos aparece ante nosotros. Nuestra Hermandad genera interés y se ha convertido en referente indiscutible.
Escribía San Juan en su libro del Apocalipsis: «No llores: ha triunfado el LEÓN de la tribu de Judá, el Retoño de David, y él abrirá el libro y sus siete sellos». El León de Judá, el Cristo, el REY sobre todo rey, descansará en un catafalco fúnebre acorde a su naturaleza regia y majestad. Es fundamento, es palabra de Dios y merece toda reverencia.
Todo aquello que tenga un vínculo con lo sagrado ha de tener un mensaje profundo, no es mera ornamentación. Los principales elementos de este Trono son los siguientes:
-El color oscuro de la madera aporta solemnidad y sobriedad al conjunto, la armonía de lo fúnebre. En contraposición el bronce dorado, que remite a uno de los presentes, aquel que manifestó la naturaleza regia del Señor.
-En el Trono encontramos ornamentos que conectan con muchas piezas de nuestro patrimonio, lo que contribuye a la coherencia en la estética identitaria.
-El conjunto se plantea, desde la mesa del Trono hasta la Cruz que se constituye en cúspide, en forma ascendente, en unión con la tradición del catafalco y túmulo fúnebre.
-Destacamos, en primer lugar, los cuatro faroles de las esquinas (uno de los elementos del conjunto histórico del Santo Entierro, que se recuperan), de sección hexagonal y rematados con obeliscos, símbolo de resurrección, elevación y trascendencia (y que se repiten en la urna).
-En uno de los niveles, en sus cuatro caras, se suceden una serie de candelabros triples (número trino) que alude a la tradición de la arquitectura efímera tumular barroca.
-Sobre este cuerpo, se posan cuatro leones, resueltos de distinta forma y con excelente maestría, que tienen numerosas conexiones simbólicas: altas virtudes de Cristo, como la realeza y la fortaleza; el símbolo de la tribu de Judá, a la que pertenecía Cristo; la mansedumbre mística; o su propio vínculo con la tradición artística de lo fúnebre, en la que los leones aparecían como protectores de la tumba. Ellos soportan el peso de la urna.
-Entre los cuatro leones aparece el mundo, sobre el que se alza Cristo, que venció con su sacrificio a la muerte y al pecado.
-La urna, otro de los elementos que felizmente recuperamos, tiene también una gran riqueza simbólica. Se convierte en una primera Custodia, que contiene el Cuerpo y la Sangre, Sacrificio Eucarístico que nos trajo la redención. Las calaveras aladas son una referencia directa a la muerte, que debió experimentar el mismo Dios por nosotros. Se ve rematada por la Verdadera Cruz, de la que pendió el más preciado de los frutos: el Santísimo Cristo.
-Tanto en los faroles como en la urna aparecen también guirnaldas que se moverán con el avance del Trono, aportando otro punto de efectismo.
-A todo el conjunto plástico se une el escriturario. Encontramos en la urna seis cartelas con una selección de textos en latín de las Sagradas Escrituras que aluden a los misterios de la muerte, la Resurrección y la esperanza en la vida futura. Entre estas cartelas vamos a destacar la delantera, que alude al elemento identitario principal de nuestro Santo Entierro: los cuatro lazos.
-Un conjunto que participa, además, del lenguaje fúnebre tradicional, creando una estampa única, que se completa con la presencia de las cuatro personas que portan los lazos. El maltrecho Cuerpo de Cristo (uno de los tesoros devocionales y patrimoniales de nuestra Hermandad), con los distintos tonos de la muerte, de la sangre, entra en el juego de los contrastes, con los matices de la madera, del bronce, del cristal y de las propias variaciones de la luz, ya sea de la que alumbra al conjunto, ya sea la natural que corresponda en la tarde del Viernes Santo.
Fotos: Juanjo Mayorga














