Sin lugar a dudas, el Manto procesional de Ntra. Sra. de los Dolores es una de las piezas más representativas del patrimonio de nuestra Hermandad. Fue realizado por las maestras manos de las Hermanas Adoratrices, bajo diseño de D. Juan Casielles, con un trabajo en el que confluyen la laboriosidad, delicadeza y entrega de las servidoras de Dios. Un manto elegante y con unos elementos decorativos con proporciones adaptadas a la Imagen y al contexto.

El manto ha sido restaurado por D. Joaquín Salcedo, insigne bordador al que debemos las piezas de este noble arte que atesoramos en nuestra corporación, devolviéndolo a su esplendor. A ello ha contribuido también la realización de un enriquecimiento en la zona del manto que se hallaba libre de ornamentación, también realizada por D. Joaquín Salcedo, y con piezas de Orfebrería Maestrante, siendo diseñado por D. Francisco Naranjo. Una restauración y enriquecimiento fruto de una generosa donación anónima por amor a nuestra Santísima Madre. A Ella pedimos que guarde y proteja siempre a su donante.

La intervención sobre el manto tuvo diversas fases:

→Estudio previo de la pieza, en función a lo que la Hermandad había solicitado y conversaciones con el diseñador para poder llevar a cabo el enriquecimiento.

→Desmontaje del manto: se quita el forro y el encaje.

→Arreglo y limpieza del encaje. Una de las partes más complejas, porque había zonas más deterioradas. Se incorpora hilo nuevo de granito y hojilla.

→Limpieza superficial de todas las piezas originales, con el objetivo de que recobrasen su esplendor inicial.

→Se comienza a encajar los Ave Marías en la parte del eje central. Se pone el diseño y se van bordando las piezas. Las coronas, para que tuviesen más volumen, se hicieron aparte.

→Se añade terciopelo nuevo en los bordes. Y esa unión la tapaba el encaje. Se ha ganado 10 centímetros. En algunos puntos el encaje pisaba el bordado. Al retirarlo y ponerlo en su nueva posición, se añadieron algunas piezas nuevas de bordado para cubrir las zonas de costura antigua del encaje y que quedaban vacías. Se cosió con refuerzo y precisión el encaje en el manto, lo que permitirá una mejor conservación.

→Se perfilaron piezas del bordado original que se habían realizado aparte, algo que en su momento no habían hecho las monjas, ganando así mucho más las piezas.

→Tras esto, se cosieron las estrellas de plata.

→Y, por último, el forrado del manto con una loneta de toldo de gran calidad, para un mejor sustento del manto y de las nuevas piezas. Y para evitar que el terciopelo se deforme.

Este Manto no se conforma simplemente como un elemento ornamental. En él hallamos un compendio de la simbología mariana, tanto en los elementos originales, como en los añadidos:

→El color negro. El color del luto, de la pérdida y de la muerte. Relacionado con la iconografía de la Virgen doliente. El color de los ropajes de la Madre que llora la ausencia del hijo. Aunque esta Madre se alza poderosa, como Torre de David, junto al Árbol de la Cruz, resignada, comprendiendo que todos estos sacrificios forman parte del plan divino de redención. Ejemplo de vida y de fe en el Calvario.

→El oro. No solo se utilizaba desde antiguo el preciado metal para bordar ropajes de las Imágenes sagradas por un motivo ornamental. Con el metal áureo también se apunta a lo divino, a la realeza. María, en su especial estado de gracia por ser concebida sin mancha de pecado, está más cerca de lo inefable, más cerca del Padre. Pero también fue Reina, coronada tras la Asunción a los cielos por la Santísima Trinidad.

→La vegetación. La simbología mariana está plagada de elementos vegetales. A través de diversas plantas se aludían, en relación a las Sagradas Escrituras, a diversas virtudes y cualidades de la Virgen: la palmera, asociada a la justicia, a la fecundidad y al triunfo de María; el lirio entre los espinos, como metáfora de la Virgen pura, que sobresale en un mundo de pecado; la rosa, aludiendo a la Nueva Eva; el cedro, como símbolo de lo perenne, de lo incorruptible; o el propio tronco de Jesé, de donde brotará la salvación del mundo.

Una decoración vegetal que domina el manto en su conjunto, como huerto cerrado, que alude a la propia virginidad de María.

→Ave Marías coronados. Como propio símbolo de la Virgen como reina de los cielos, de la tierra, de nuestras vidas. Elemento que conecta con el oro de realeza. Monograma de Ave María: el saludo del Ángel que anuncia que el mismo Sol nacería de ella.

→Las estrellas.  La estrella viene a ser una metáfora de la esperanza, aquella que tiene el que en las tinieblas ansía que llegue el día. Asimismo, es un elemento que guía a las personas. Al igual que una estrella guio a los Magos de Oriente para adorar al Niño, la Virgen es el astro que conduce a Cristo. También nos conduce a nosotros, como estrella que ilumina las oscuridades de nuestros caminos, nuestra estrella de la mañana que nos otorga esperanza, aunque los Dolores atenacen nuestro corazón.

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