Carta de nuestro Director Espiritual

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Amadísimos hermanos en Cristo:

Este año 2013 designado por el papa Benedicto como Año de la Fe, cuando desde Roma el 11 de octubre del 2011 (séptimo de su pontificado) manifestó en la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio denominada «Porta Fidei» donde se expresaba en los siguientes términos:

 “He decidido convocar un Año de la Fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013.”
A raíz de esta convocatoria nos hemos dispuesto a vivir con un nuevo talante, con un nuevo ardor en nuestros corazones y con esperanzas renovadas el misterio de la Cruz, modelo paradigmático, esencia y fundamento de la Venerable Hermandad del Santo Cristo de la Vera+Cruz, y al mismo tiempo Calvario donde se centran todos los corazones católicos del mundo el Viernes Santo. La Cruz de Cristo atrae la atención de todo buen cristiano que busca la santidad de vida, siguiendo los consejos de Nuestro Maestro: Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre del Cielo es perfecto (Mt 5,48).
Es muy antigua la tradición cristiana que fundamenta la comparación del árbol de la Cruz con el árbol de la Ciencia del bien y del mal que según dice el Génesis 2, 9-17:
“Había plantado el Señor Dios desde el principio un jardín delicioso, en que colocó al hombre que había formado, y en donde el Señor Dios había hecho nacer de la tierra misma toda suerte de árboles hermosos a la vista, y de frutos suaves al paladar: y también el árbol de la vida en medio del paraíso, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. De este lugar de delicias salía un río para regar el paraíso, río que desde allí se dividía en cuatro brazos… Tomó, pues, Dios al hombre, y le puso en el paraíso de delicias, para que le cultivase y guardase. Le dio también este precepto diciendo: Come si quieres del fruto de todos los árboles del paraíso: Mas del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas: porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás”.
Y más adelante en el capítulo 3, 4 la serpiente engaña a Eva en estos términos:
“Dijo entonces la serpiente a la mujer: ¡Oh! Ciertamente no moriréis. Sabe, empero, Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores de todo, del bien y del mal.”
La imagen de este relato es clave fundamental porque es el antecedente de la Cruz de Cristo. En Ezequiel 47,1 y 12 y en el Apocalipsis 22,1 se habla de dos imágenes de salvación. El árbol de la vida y el agua de la vida, ambas imágenes representan la muerte y redención de Cristo. En la Edad Media es cuando se propaga la identificación de la cruz y el árbol de la vida gracias a la liturgia que ofrecía el Praefatio (Prefacio) de la Santa Cruz (que era una oración que se repetía antes del canon de la Misa) desde el Domingo de Ramos hasta el Jueves Santo, y utilizaba la antítesis de la Cruz Redentora frente al Árbol del bien y del mal, diciendo que de uno fluía la Vida y el otro nos trajo la muerte. También en el Medievo gracias al “Tractatus qui lignum vitae dicitur” de san Buenaventura se propagó esta enseñanza, cuando en 1257, san Buenaventura, recibe el nombramiento de ministro general de los franciscanos. San Buenaventura en su Tratado citado, identifica la Cruz con el árbol con frutos, (tomado de Apocalipsis 22), de los que se alimentan espiritualmente los cristianos, adquiriendo la cruz un significado eucarístico. Es corriente contemplar obras de arte medievales donde se nos muestra el árbol de la vida en el centro con la serpiente en él, y Adán a la derecha del árbol y Eva a la izquierda, y también se pintan muchos cuadros con una crucifixión simple donde se presenta a Cristo en la cruz, María a su derecha y san Juan evangelista a la izquierda, en la edad media por influencia de san Buenaventura se acostumbró en los ambientes franciscano a sustituir san Juan por san Francisco de Asís arrodillado y orando intensamente apoyando su rostro en el leño como en el fresco de Cimabue (1277-1280) en la iglesia superior de san Francisco de Asís, en la que fue enterrado el santo. Algunos fueron pintados por discípulos de Giotto y otras creaciones como por ejemplo Pacino di Bonaguida en su pintura Arbor Vitae en Florencia (hacia 1320).
La devoción franciscana a la cruz, ya sabemos que el propio fundador sufrió los estigmas, está impregnada de un fuerte sentido penitencial originado por la culpabilidad de los pecadores que originan el sufrimiento del Redentor. Cuentan algunas leyendas que Adán fue enterrado en el Gólgota, en el sitio exacto en el que la cruz de Cristo sería clavada y Set oyó la voz de Adán indicándole que su propia calavera sería bañada con la sangre del Verbo de Dios; de aquí, se especuló posteriormente que el Gólgota estaba hueco y que la calavera que se representaría después en muchos cuadros e imágenes bajo la cruz, era la de Adán. El árbol de la Cruz hunde sus raíces sobre la calavera de Adán, es decir, el primer hombre que trajo la muerte al género humano y nos fue transmitida por el pecado original.
Espero que la contemplación de la Cruz nos haga crecer en la fe este año de un modo especial, aprovecho esta letras para desearos paz y bien a todos.
José María García Paniagua.