Y cuando acaba la saeta, un aplauso y un ole clamoroso nos despierta del éxtasis, y en el aire negro no queda nada. Y es entonces cuando abrimos los ojos, miramos al Cristo, al Sepulcro y a la Virgen y no sabemos qué tenemos en los ojos. Es como si se hubiera quedado en ellos una mota de la luz de la saeta.

Saeta de la Semana Santa de mi pueblo con ramilletes de luz, de poesía y de cante.

MANUEL AGUILAR FERNÁNDEZ Pregón I (1985)